Eso no es autonomía
La UCR impone ideologías y no promueve el debate inclusivo
Alejandra Castro B.
acastro@uned.ac.cr
Profesora UCR y UNED
Siguiendo la línea política del rector Eugenio Trejos del ITCR, el Consejo Universitario y la Rectora de la UCR siguen socavando impunemente el prestigio de la Universidad y la confianza que los costarricenses otrora habíamos depositado en los centros estatales de educación superior. Y lo hacen al amparo, algunas veces, de un sofisma de independencia política del Consejo y, otras, alegando una representación de la comunidad universitaria que los apoya; desconociendo abiertamente la divergencia de criterios jurídicos, políticos, económicos e ideológicos que abundan en el campus. Es derecho propio de estas personas que opinen y abanderen criterios ideológicos a título personal, pero no en su investidura pública.
Con suma preocupación, leo en la prensa un nuevo pronunciamiento de la UCR, alegando violación a la autonomía aniversaria y la libertad de cátedra, pues ahora interpretan maliciosamente los criterios del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), al que acusan de menoscabar esos principios.
Parnaso de soberbia. Pero ¿de qué autonomía habla la Rectora? Es la autonomía que le ha permitido al grupúsculo que secuestró a la Universidad en un parnaso de soberbia, y que los ha llevado a conformar a dedo grupos de opositores al TLC para que de forma inconsulta se pronuncien en nombre de toda la comunidad universitaria en contra del tratado, del TSE, de la Sala Constitucional, del Gobierno y de los profesores y universitarios que no compartimos su criterio.
Son las mismas autoridades universitarias las que han menoscabado a tal grado la calidad y objetividad académica, que tanto distinguían a la UCR, que hasta arremeten en la prensa contra estu- diantes que se oponen a la decisión de desvirtuar el objetivo académico y profesional del trabajo comunal universitario (TCU), ahora usado en campaña contra el TLC.
Otros principios. La resolución N° 1617-E-2007 del TSE no viola la autonomía universitaria ni limita en nada las potestades de la Constitución en el artículo 84, pues la autonomía universitaria no es una adarga para que, en nombre del cuerpo estudiantil y docente, algunos administrativos abanderen la autonomía para hacer proselitismo. La autonomía y la libertad de cátedra amparan otros principios y en nada justifican que la Universidad –siendo institución del Estado– destine recursos públicos a favor de las campañas por el “sí” o el “no”.
Pero la UCR ya no forma opiniones. Hoy las pretende imponer incluso a costa de los escasos recursos públicos que tienen. Lo que es peor aún: impone ideologías y no promueve el debate inclusivo. Sus foros no ofrecen pluralidad y formación, sino adoctrinamiento. Solo, espero, que no sea muy tarde ya para rescatar a la Universidad de esta ignominia.
Tomado de La Nación
Alejandra Castro B.
acastro@uned.ac.cr
Profesora UCR y UNED
Siguiendo la línea política del rector Eugenio Trejos del ITCR, el Consejo Universitario y la Rectora de la UCR siguen socavando impunemente el prestigio de la Universidad y la confianza que los costarricenses otrora habíamos depositado en los centros estatales de educación superior. Y lo hacen al amparo, algunas veces, de un sofisma de independencia política del Consejo y, otras, alegando una representación de la comunidad universitaria que los apoya; desconociendo abiertamente la divergencia de criterios jurídicos, políticos, económicos e ideológicos que abundan en el campus. Es derecho propio de estas personas que opinen y abanderen criterios ideológicos a título personal, pero no en su investidura pública.
Con suma preocupación, leo en la prensa un nuevo pronunciamiento de la UCR, alegando violación a la autonomía aniversaria y la libertad de cátedra, pues ahora interpretan maliciosamente los criterios del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), al que acusan de menoscabar esos principios.
Parnaso de soberbia. Pero ¿de qué autonomía habla la Rectora? Es la autonomía que le ha permitido al grupúsculo que secuestró a la Universidad en un parnaso de soberbia, y que los ha llevado a conformar a dedo grupos de opositores al TLC para que de forma inconsulta se pronuncien en nombre de toda la comunidad universitaria en contra del tratado, del TSE, de la Sala Constitucional, del Gobierno y de los profesores y universitarios que no compartimos su criterio.
Son las mismas autoridades universitarias las que han menoscabado a tal grado la calidad y objetividad académica, que tanto distinguían a la UCR, que hasta arremeten en la prensa contra estu- diantes que se oponen a la decisión de desvirtuar el objetivo académico y profesional del trabajo comunal universitario (TCU), ahora usado en campaña contra el TLC.
Otros principios. La resolución N° 1617-E-2007 del TSE no viola la autonomía universitaria ni limita en nada las potestades de la Constitución en el artículo 84, pues la autonomía universitaria no es una adarga para que, en nombre del cuerpo estudiantil y docente, algunos administrativos abanderen la autonomía para hacer proselitismo. La autonomía y la libertad de cátedra amparan otros principios y en nada justifican que la Universidad –siendo institución del Estado– destine recursos públicos a favor de las campañas por el “sí” o el “no”.
Pero la UCR ya no forma opiniones. Hoy las pretende imponer incluso a costa de los escasos recursos públicos que tienen. Lo que es peor aún: impone ideologías y no promueve el debate inclusivo. Sus foros no ofrecen pluralidad y formación, sino adoctrinamiento. Solo, espero, que no sea muy tarde ya para rescatar a la Universidad de esta ignominia.
Tomado de La Nación
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